Siempre dicen que es el hombre el que se arriesga cuando va donde una mujer a pedirle la mano, a averiguar si su amor por ella es correspondido, al momento de hacer la pregunta para formar pareja. En las manos de ella recaen la aceptación o el rechazo, y sobre él caen el peso de la emoción o del dolor. A ella sólo le toca decir "sí" o "no", a él le toca soportar la tensión de la incertidumbre y, en ocasiones, el dolor del golpe del rechazo.
Así dicen.
Una vez leí: "La mujer no fue creada de los pies del hombre para estar debajo de él, ni de su cabeza para estar por encima de él, sino de su costilla para estar a su lado, protegida bajo su brazo y cerca a su corazón". Sí, qué bonito, pero me llamó la atención: "[…] protegida bajo su brazo […]". Oí muchas veces también: "a la mujer le gusta sentirse protegida", de nuevo: "[…] sentirse protegida"; está empezando a aparecer muy seguido, "protegida", ¿protegida de qué? ¿O de quién?
De lo que sea que esté afuera, lo que sea que pueda amenazar su ser, lo que sea, de todo lo que implique cierto peligro quieren sentirse protegidas. Sin embargo, ponerse bajo el brazo de un hombre significa bajar la guardia con él y abrir los brazos en completa confianza hacia él. Una jugada un poco peligrosa, ¿no? ¿Poner su total seguridad y vitalidad en manos de alguien más?
Creo yo que es la mujer quien corre el mayor riesgo al momento de la pregunta. ¿Qué ocurrirá si quien le ofreció protección no hace su labor como debe? Ella es la que, en mi opinión, se lleva la peor parte. Ella da su todo a y por el hombre, ella se expone a recibir daño total (y no parcial, por cuanto ella misma puede defender su alma de extraños) de la única persona a la que le ofreció toda su confianza, ella planta su ser entero en una espada que puede tanto protegerla como dañarla, ella es la que pone su mayor amenaza como su mayor fortaleza.
Porque, sí, somos seres salvajes poco subjetivos, somos olvidadizos y escasamente comprensivos, solemos perder el enfoque de aquello que es duradero y con un cerebro tan "grande" que apenas y alcanza para pensar en uno mismo; ¿qué las hace amarnos y escogernos, aún así, como sus protectores?
¿Protegida de qué? ¿O quién? No, no de lo que sea, no de cualquier cosa. Protegida, no sólo del mundo exterior, sino también, en gran parte, de la persona con quien está dispuesta a pasar el resto de su vida. Bastante paradójico. Y curioso…
Así dicen.
Una vez leí: "La mujer no fue creada de los pies del hombre para estar debajo de él, ni de su cabeza para estar por encima de él, sino de su costilla para estar a su lado, protegida bajo su brazo y cerca a su corazón". Sí, qué bonito, pero me llamó la atención: "[…] protegida bajo su brazo […]". Oí muchas veces también: "a la mujer le gusta sentirse protegida", de nuevo: "[…] sentirse protegida"; está empezando a aparecer muy seguido, "protegida", ¿protegida de qué? ¿O de quién?
De lo que sea que esté afuera, lo que sea que pueda amenazar su ser, lo que sea, de todo lo que implique cierto peligro quieren sentirse protegidas. Sin embargo, ponerse bajo el brazo de un hombre significa bajar la guardia con él y abrir los brazos en completa confianza hacia él. Una jugada un poco peligrosa, ¿no? ¿Poner su total seguridad y vitalidad en manos de alguien más?
Creo yo que es la mujer quien corre el mayor riesgo al momento de la pregunta. ¿Qué ocurrirá si quien le ofreció protección no hace su labor como debe? Ella es la que, en mi opinión, se lleva la peor parte. Ella da su todo a y por el hombre, ella se expone a recibir daño total (y no parcial, por cuanto ella misma puede defender su alma de extraños) de la única persona a la que le ofreció toda su confianza, ella planta su ser entero en una espada que puede tanto protegerla como dañarla, ella es la que pone su mayor amenaza como su mayor fortaleza.
Porque, sí, somos seres salvajes poco subjetivos, somos olvidadizos y escasamente comprensivos, solemos perder el enfoque de aquello que es duradero y con un cerebro tan "grande" que apenas y alcanza para pensar en uno mismo; ¿qué las hace amarnos y escogernos, aún así, como sus protectores?
¿Protegida de qué? ¿O quién? No, no de lo que sea, no de cualquier cosa. Protegida, no sólo del mundo exterior, sino también, en gran parte, de la persona con quien está dispuesta a pasar el resto de su vida. Bastante paradójico. Y curioso…
“Hombre, nunca olvides que, entre todos los enemigos que se asoman al horizonte de tu amada, estás tú; no bajes la guardia con nadie ni contigo mismo, nunca.”