3.28.2011

Ella me seguía

Y entonces sentí cómo su sombra imaginaria me seguía. Fue una situación hasta cierto punto placentera, por otra parte aterradora, y por otra parte decepcionante.

Dibujé en mi cabeza la imagen de ella siguiendo mis pasos y admirando las largas distancias que recorro para hacerme más fuerte; filmé en mi cabeza la escena de ella caminando detrás mío y llamándome todo el camino nunca antes habiéndonos dirigido la palabra, y yo, sin escuchar nada, seguía mi trayecto sumido en las líneas que salían por estos audífonos que aislan mi mente del mundo exterior; sentí sus agotados pasos corriendo dentro de su capacidad detrás de mi silueta para alcanzar a aquel que erróneamente idealizó sin siquiera saber si existe o no. ¿Conmovedor? ¿O patético?

Sentí ciertos nervios al saber que realmente venía detrás mío, antiguas voces dicen que es de las que son como hermosas cadenas espinadas. Qué desperdicio de cara, qué pena... Si por dentro fueras igual de como eres por fuera... Qué pena.

Al final de todo, me sentí muy decepcionado. Todo el camino soñé con algo que nunca pasó. Llegué a casa y repasé toda la película. Hah, qué bobo... La realidad debería ser distinta.

3.18.2011

No es sencillo

Qué fácil sería divagar por el mundo si no supiera de tu vivir, qué posible me sería el volar si no tuvieras hecha tan densa mi atmósfera, qué indeseoso estaría si no hubieras incrustado Excalibur en la roca de tu radiante esfera viviente; me tienes como un lobo bajo la oscuridad del verde espesor de un bosque observando aquella escarchada columna de luz cuya base está habitada por una bella flor sin nombre jamás vista antes por viles ojos de mortales y sin poderme acercar, como un halcón con las alas atadas mirando en medio del interminable manto de nubes el dorado sol de invierno, como un acorde tensionado esperando la llegada de la resolución de tu triada perfecta y triangular...

Ya, quítame la duda de encima que pesa más que el castigo al que los dioses del Olimpo condenaron a Atlas. Sólo tú tienes la pólvora de la certeza, sólo tú. No es sencillo vivir así; no, no lo es.