A mí me gusta la felicidad. Siempre quiero compartirla con otros, hacer sonreír a los demás. Pero me es una misión complicada, la felicidad no puede alcanzarse cuando uno vive centrado en sus problemas, en todo lo que ve. La gente vive preocupada por las mil situaciones que pasan en sus vidas, por todo lo que les pasa por en frente, en lo tristes que son sus realidades. Realidad.
Una vez me dijeron que esta realidad no es tan real como creemos, yo lo sé y por eso creo que cada uno puede vivir su propia fantasía. Yo lo hago. Por eso siempre hablo de cosas irreales, de un mundo fantástico, siempre con la esperanza de sacar a los demás de su "realidad" siquiera unos segundos y que sonrían un rato, para darle un poco de dulzor a sus líneas de tiempo.
Pero aparentemente todos se han entercado con sus realidades, y creen que no pueden hacer nada al respecto, no importa qué tan trágica sean sus realidades. Y para colmo, a aquellos que somos felices porque entendemos que esta "realidad" es absurda e irrelevante nos catalogan de extraños, e incluso de personas incómodas.
Por eso siempre hablo de cosas irreales, de un mundo de fantasía, siempre buscando darle al mundo ese color que le falta, ese brillo que necesita, esa sonrisa que nadie tiene, la Sonrisa Real.
Me duele y me entristece saber que todo fue en vano y que he fracasado. Y que encima, criticado.
Pero está bien, parece que el mundo no quiere color, que quiere vivir aún en blanco y negro. ¿Dar color? ¿Ya para qué? Me rindo, dejaré mi estilo de vida y mi filosofía.
Por primera vez voy a decir que, esta vez, el mundo me ha ganado. Felicidades, ya me infectaron con su virus epidémico llamado 'sociedad', ya soy un infeliz más de ustedes, qué emoción, ¿no? Ahora son mejores personas y valen más. Ahora soy mejor persona y valgo más…
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