Voy a gritar. Debo gritar que me estoy volviendo loco. Quiero gritar todo lo que siento. Deseo gritar todo lo que pienso.
Pero no lo haré. No lo haré porque temo, sufro de gran temor por perder lo que tengo. Porque siento gran miedo de quedarme sin aquello que es mucho más grande y valioso que lo que anhelo. Porque nunca voy pausado por la senda y al final regreso al mismo hueco en el que me encontraba inicialmente. El historial es largo y, aunque cambien las variables, el ciclo siempre se repite.
¿Es un hueco? ¿Es un vacío tan grande donde me encuentro? No lo sé, pero lo que sé es que quiero salir de él. Aunque no sea un lugar oscuro ni dañino, por alguna misteriosa razón que ignoro, desespero por salir. No es que haya algo de malo con el espacio en el que estoy, es solo que sé que lo que está allá afuera es mejor. Mucho mejor…
Lo quiero. Pero, a la vez, no lo quiero porque sé que si no lo obtengo, perdería mucho más de lo que ganaría si lo consigo. ¿Podría correr el riesgo? ¿Podría darme ese lujo…? Me estoy volviendo loco y desespero por gritar, por exteriorizar todo; pero no quiero hacerlo, quiero guardarlo y morir con el secreto… Me abruma la paradoja entre gritar y callar. No sé qué debo hacer. No sé qué quiero hacer.
Me estoy volviendo loco…
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